8. ESTRATEGIAS DE VACUNACIÓN
8.1. EN ATENCIÓN PRIMARIA
Aunque debe aprovecharse cualquier contacto con el sistema sanitario para
conseguir la inmunización de la población, la Atención
Primaria de Salud representa el nivel ideal, aunque no único, para
fomentar la inmunización de niños y adultos debido a dos razones:
a) Accesibilidad de la población: se estima que en cinco años
ha visitado la consulta el 95% de la población adscrita a la misma.
b) Conocimiento de esa población: integrar la información
referente a la vacunación con los datos clínicos, permite
individualizar mejor las recomendaciones vacunales para cada persona.
Es preciso modificar la idea de amplios sectores de la población,
incluyendo a muchos profesionales de la salud, de que la inmunización es
una práctica preventiva limitada a la población infantil, y que
sólo en circunstancias muy concretas sería recomendable para los
adultos.
Para poder integrar la vacunación en Atención Primaria es
necesario:
8.1.1. IMPLICACIÓN DEL PERSONAL DEL EQUIPO DE ATENCIÓN
PRIMARIA (E.A.P)
a) Motivación y formación continuada para eliminar las
barreras del desconocimiento y falsas creencias sobre el tema y poder informar
adecuadamente a la población.
b) Establecer un protocolo de actuación consensuado, entre todos los
miembros del E.A.P, designando las funciones y responsabilidades de cada uno.
c) Designar un responsable de vacunaciones en el Centro de Salud (CS),
encargado de gestionar la provisión de vacunas y la logística de
la cadena de frío (ver capítulo 3.4), supervisar el sistema de
registro y citaciones y realizar una evaluación periódica de la
actividad.
d) Personal no sanitario: ofrecer una información básica a la
población, mostrar actitud positiva hacia las vacunas, saber remitir al
paciente al personal médico o de enfermería que corresponda
según el problema.
e) Disponibilidad del tiempo necesario para administrar adecuadamente las
vacunas.
8.1.2. EXISTENCIA DE LA INFRAESTRUCTURA Y EL APOYO INSTITUCIONAL
NECESARIO.
a) Espacios físicos y recursos materiales adecuados (cadena de
frío, etc).
b) Programas de vacunación, como objetivo prioritario de las Gerencias o
Direcciones de Área. 8.1.3. IDENTIFICACIÓN Y
CAPTACIÓN DE LA POBLACIÓN SUSCEPTIBLE DE VACUNACIÓN EN LA
ZONA BÁSICA DE SALUD (ZBS).
a) Conocer la realidad epidemiológica de la situación:
incidencia de enfermedades vacunables, cobertura vacunal, planteamiento de
estudios de serovigilancia.
b) Utilizar sistemas de información del CS (bases de datos de
pacientes mayores de 65 años, pacientes con patología
crónica, etc).
c) Colaboración intersectorial con colectivos o instituciones diana
de la ZBS: colegios y residencias de ancianos de carácter público
o privado, etc.
d) Utilizar los servicios de Asistencia Social del CS o del municipio para
la captación de población o de colectivos marginales
(inmigrantes, etc).
e) Educación sanitaria de la población para vencer las
barreras, miedos y falsas concepciones sobre la vacunación.
La aceptación de la vacunación depende frecuentemente de una
adecuada información y motivación de la población. La
percepción que tenga cada persona de la efectividad de la vacuna, de su
susceptibilidad ante la enfermedad que se pretende prevenir y la utilidad que
esta va a tener a nivel personal, también influirá de forma
importante en su decisión. La información sobre esos aspectos,
junto a la investigación de las creencias (a veces erróneas) y
actitudes del individuo, pueden mejorar la aceptación de la
inmunización.
8.1.4. MODELO ORGANIZATIVO DE ADMINISTRACIÓN DE LAS VACUNAS
8.1.4.1. Consultas específicas de vacunación
La asignación de una consulta y horario específico, permite
optimizar los recursos humanos y materiales necesarios, facilita el uso de
viales multidosis, simplifica la aplicación del protocolo y asegura una
buena calidad técnica
. Es útil para aplicar programas de vacunación a gran cantidad
de personas en un corto período de tiempo (vacunación antigripal)
y para la inmunización antitetánica de grupos profesionales de
riesgo.
8.1.4.2. Vacunación oportunista
Se trata de integrar la vacunación en la rutina asistencial prestada
al paciente cuando acude a consulta. Respecto al anterior sistema, presenta la
ventaja de mejorar la accesibilidad y la cobertura (se vacuna al individuo tan
pronto como se identifica la necesidad). Es responsabilidad de los
profesionales sanitarios reducir las oportunidades perdidas de
vacunación, para ello puede ser necesario aumentar los conocimientos del
tema e introducir cambios en las prácticas y actitudes de trabajo:
- Investigar el estado de vacunación de los pacientes que acuden a un
centro sanitario. - No vacunar únicamente en consultas programadas.
- Puntos de vacunación de fácil acceso y con escasa espera.
- Asegurar el suministro adecuado de vacunas en todos los centros.
- Divulgar periódicamente datos sobre las oportunidades perdidas de
vacunación a todos los centros sanitarios.
- Proporcionar información veraz a los padres.
- Llevar a cabo programas comunitarios de formación para eliminar las
creencias erróneas y las falsas contraindicaciones de los sanitarios y
de la población.
En la Tabla 22 se exponen algunos ejemplos de vacunación oportunista.
La historia vacunal debe recoger información básica que
permita la prescripción médica individualizada de inmunizaciones.
Debe de ser capaz de detectar contraindicaciones absolutas o temporales de las
inmunizaciones (ver capítulo 3.7). La prescripción
individualizada debe considerar al menos los siguientes aspectos:
a) Edad (ver capítulo 7.2)
b) Sexo
La pertenencia al sexo femenino, permite plantear, la vacunación
antirrubéolica o triple vírica, en mujeres en edad fértil.
En los varones, la realización del servicio militar puede servir de
ayuda para esclarecer antecedentes de vacunación antitetánica.
c) Ocupación o profesión
Puede constituir indicación formal de ciertas inmunizaciones, (Tabla
23)
d) Condiciones médicas y tratamientos actuales
Especialmente las asociadas a inmunodeficiencias (ver capítulo 9.4).
Asimismo la administración reciente o futura de inmunoglobulinas o de
productos que las contengan, condiciona ciertas restricciones en el uso de
vacunas vivas (ver capítulo 3.5).
e) Situaciones ambientales
Como las que afectan a las personas que viven o trabajan en determinado
tipo de instituciones tales como: residencias de ancianos, residencias de
deficientes mentales o centros penitenciarios, deben ser también tenidas
en cuenta en el momento de establecer las necesidades de vacunación de
los adultos (Tabla 23).
f) Estilos de vida
Tales como la promiscuidad sexual, el consumo de drogas y otros, pueden
representar indicación de ciertas inmunizaciones (Tabla 23)
g) Viajes internacionales
Muchas veces el viaje constituye una buena oportunidad para aplicar vacunas que
hubieran estado igualmente indicadas (tétanos, etc) (ver apartado 9.3)
Tabla 22.- Algunas actuaciones de vacunación
oportunista
| ACTUACIÓN
|
OPORTUNIDAD
|
|
Vacunación
Antitetánica
|
- En
consultas de enfermería y área de urgencias después de
atender heridas/traumatismos casuales.
- En consultas de control del embarazo: gestantes no
inmunizadas.
- En consultas de valoración prequirúrgica
(cirugía de cavidad abdominal o de las extremidades inferiores)
|
|
Vacunación
Antirrubéola
|
- En
consultas de demanda o de control de métodos contraceptivos:
detección de mujeres seronegativas.
- En consultas de control de puerperio: mujeres
seronegativas detectadas durante el control del embarazo.
|
|
Vacunación
Antineumocócica
y Antigripal
|
- En
consultas programadas de seguimiento de pacientes crónicos
(diabéticos, cardiópatas, etc.)
|
|
Educación sanitaria
|
- En Salas
de espera: a través de "posters", carteles y folletos
informativos sobre recomendaciones de vacunación.
|
|
Revisión y actualización del estado vacunal
|
- De todo
paciente, sistematicamente, cada vez que se abre una nueva historia
clínica.
- Del niño, cuando el niño pasa de la consulta
de Pediatría a la de adultos.
- De los padres, cuando acuden a vacunar a sus hijos a la
consulta de Pediatría.
- Del Individuo que consulta ante la realización de
un viaje internacional.
- Del paciente que acude a vacunarse dentro de una
campaña específica de vacunación (ejemplo: gripe)
|
|
Vacunación específica
|
- En
consulta programada y/o a demanda siempre que se identifica la pertenencia a un
grupo de riesgo (estilo de vida, profesión, condición
médica, etc.)
|
Tabla 23.- Inmunización en grupos especiales de
adultos
| GRUPO
|
VACUNA
|
| ESTILOS DE
VIDA
|
| Personas con
múltiples parejas
sexuales o con E.T.S. recientes
|
Hepatitis B
|
| Homosexuales
u hombres bisexuales
|
Hepatitis B
|
| U.D.V.P.
|
Hepatitis B
|
| OCUPACIÓN O PROFESIÓN
|
| Trabajadores
sanitarios
|
Hepatitis B, Gripe,
Rubéola/ Sarampión/ Parotiditis
|
| Trabajadores
de laboratorio
con productos sanguíneos
|
Hepatitis B
|
| Personal de
Servicios Públicos
|
Hepatitis B,
Gripe
|
| Personal al
cuidado de
deficientes mentales
|
Hepatitis
B
|
| Veterinarios
y cuidadores
de animales
|
Rabia
|
| Manipuladores
de alimentos
Personal de estaciones de depuración y alcantarillado
Personal de guarderías infantiles y de centros de
acogida
Tropas expedicionarias
|
Hepatitis A
|
| Trabajadores
en contacto con animales potencialmente infectados
|
Rabia
|
|
SITUACIONES AMBIENTALES ESPECIALES
|
| Catástrofes
|
Fiebre tifoidea
|
| Residentes o
trabajadores
en instituciones cerradas
|
Hepatitis B
|
| Convivencia
domiciliaria
con portadores HBsAg(+)
|
Hepatitis B
|
8.1.5. DISPONIBILIDAD DE LOS SISTEMAS DE INFORMACIÓN Y REGISTRO
NECESARIOS.
8.1.5.1. Registro para el centro
Es fundamental el registro del estado vacunal del paciente, tanto en un
lugar visible de la historia clínica como en un fichero
específico de vacunas que sea accesible a todo el personal del centro.
La informatización de los datos facilita su revisión, así
como la elaboración de etiquetas y cartas de recordatorio para aquellos
pacientes que no acuden a las citas de vacunación.
8.1.5.2. Registro para el usuario
La realidad es que la mayoría de los adultos tiene una idea muy
imprecisa de sus antecedentes vacunales. Por ello resulta imprescindible
establecer y fomentar registros individuales de inmunizaciones. Al igual que el
niño, es conveniente que el adulto disponga también de un
documento propio, de un "carnet" vacunal, en el que se constaten las
dosis de vacunas administradas y se anuncien cuando se le deben administrar las
próximas (ver capítulo 3.8.).
8.1.6. EVALUACIÓN DE LA COBERTURA
Es preciso evaluar la cobertura de vacunación alcanzada por el
programa de inmunización, cuya organización y objetivos debe
adaptarse a las características de cada centro.
8.2. EN ATENCIÓN ESPECIALIZADA
La vacunación del personal y de los pacientes es un elemento
fundamental de prevención de riesgos laborales y de enfermedades
nosocomiales.
8.2.1. VACUNACIÓN DEL PERSONAL
El mantenimiento de la inmunidad es esencial en los programas de
prevención y control de infección dirigidos a los trabajadores
sanitarios. Un uso adecuado de los productos inmunobiológicos
salvaguarda la salud de los trabajadores sanitarios y protege a los pacientes
de ser infectados como consecuencia de la exposición a trabajadores
infectados. Muchas enfermedades inmunoprevenibles pueden ser transmitidas de
los enfermos al personal del hospital, del personal a los pacientes, o entre
los propios enfermos o trabajadores entre sí. Si el personal
hospitalario se encuentra convenientemente inmunizado, se hallará
protegido frente a la adquisición en el hospital o en la comunidad de
diversas enfermedades prevenibles y se evitará la diseminación en
ambos entornos.
En el caso de centros sanitarios, el riesgo de exposición a pacientes
con procesos infecciosos (tipo de contactos), la exposición a productos
biológicos (contacto con sangre u otros fluidos corporales,
manipulación de muestras o cultivos de microorganismos patógenos)
y las potenciales consecuencias de la no vacunación son los principales
determinantes de las vacunas que se han de incluir en el programa.
Se debe identificar a los trabajadores en riesgo biológico y asegurar
que sean inmunizados de acuerdo con las recomendaciones y regulaciones
vigentes, incluyendo al personal fijo o contratado (a tiempo parcial o
completo), personal de atención a domicilio, los asistentes voluntarios,
estudiantes, becarios y personas en periodo de formación que vayan a
estar en contacto con los pacientes, o expuestos por otra vía a
enfermedades transmisibles dentro del centro, así como de las empresas
responsables del personal perteneciente a contratas (ej. empresas de limpieza,
cafetería...).
Los programas de inmunización para los trabajadores deben ser
elaborados y dirigidos en los Hospitales por los Servicios de Medicina
Preventiva o en su caso por los Servicios de Prevención de Riesgos
Laborales, donde existan éstos. El éxito de los programas se
podrá conseguir si se cuenta con un personal especializado, que siga
unos procedimientos previamente establecidos y consensuados, contando con el
apoyo de la Dirección del Centro, así como de los Servicios
implicados.
Todo hospital debe de tener una Unidad de Vacunación para, entre
otras tareas, ejecutar el programa de vacunaciones del personal, que ha de
realizarse de forma integrada con la vigilancia sanitaria de su estado de salud
y en estrecho contacto con el programa destinado a la vigilancia y control de
las infecciones nosocomiales.
Los objetivos son:
a) Proteger a los trabajadores mediante la vacunación del riesgo de
contraer determinadas enfermedades transmisibles.
b) Evitar que los trabajadores puedan ser fuente de contagio de enfermedades
transmisibles para los pacientes a los cuales atiende, para otros trabajadores
o para la comunidad (hepatitis B, gripe, etc).
c) Colaborar en mantener el calendario de vacunaciones para adultos dentro
de los programas de Salud Comunitaria.
d) Prevenir enfermedades infecciosas en trabajadores que estén
inmunocomprometidos o padezcan patologías crónicas (cardiacas,
renales, pulmonares, etc.), lo que representaría un grave riesgo para
éstos.
e) Evitar el absentismo por bajas laborales -Incapacidad Transitoria (IT)- a
consecuencia de enfermedades infecciosas adquiridas por los trabajadores en el
desempeño de sus funciones.
f) Evitar enfermedades infecciosas que puedan evolucionar a la cronicidad,
(por ejemplo. hepatitis B, que además pueden comportar una cirrosis o un
hepatocarcinoma) o que puedan afectar a una embarazada (rubéola,
varicela, etc).
Los programas deben incluir los siguientes elementos claves:
- Revisar el estado de inmunización de todo el personal,
particularmente al contratarlo (Reconocimiento de nuevo ingreso).
- Proporcionar información sobre los riesgos de exposición a
enfermedades, así como de los riesgos y beneficios de la profilaxis de
vacunación recomendada.
- Administrar las vacunas recomendadas. - Administrar vacunas
postexposición, inmunoglobulinas, etc.
- Controlar el riesgo de exposición en correspondencia con el
programa.
- Establecer criterios de restricciones laborales y tratamiento del personal
no inmunizado después de la exposición a enfermedades
transmisibles que lo requieran.
- Establecer un sistema de registro de las vacunas administradas y de
cualquier reacción adversa significativa relacionada con la
vacunación.
Para obtener un buen resultado de un programa de vacunación en el
medio laboral es fundamental que las personas implicadas en su desarrollo
conozcan los aspectos básicos de las sustancias biológicas que
manejan y estén adecuadamente informados sobre dosis, vías de
administración y espaciamiento de los productos inmunobiológicos.
Antes de vacunar debe llevarse a cabo una sencilla anamnesis dirigida a
identificar si existe alguna situación clínica especial que
aconseje posponer la vacunación o alguna contraindicación. La
persona que va a ser vacunada debe ser informada de qué vacunas se le
van a aplicar, qué beneficios se esperan de ellas y sus posibles
riesgos. Se le debería explicar cómo actuar ante reacciones
adversas leves. También es el momento de proporcionar el documento
vacunal, incidir en la importancia de guardarlo y recordarles la fecha de la
próxima vacunación.
Las decisiones sobre qué vacunas incluir en los programas de
inmunización deben estar basadas en las actividades laborales de los
trabajadores y el riesgo de exposición a agentes biológicos
(atención a los pacientes, contacto con sangre u otros fluidos
corporales, manipulación de muestras o cultivos de microorganismos
patógenos), así como también desear que otras
inmunizaciones recomendadas para adultos estén a disposición de
los trabajadores.
Las vacunas recomendadas en estos momentos para los trabajadores de centros
sanitarios se indican en la tabla 24: Tabla 24.-
Vacunaciones en el personal sanitario
| Especialmente
Indicadas (1)
|
Indicaciones
Limitadas (2)
|
Generales
del adulto
|
Hepatitits B
|
Hepatitis A
|
Tétanos-difteria
adulto
|
Gripe
|
Enf. meningocócica
|
Tetanos-difteria.tos ferina
adulto
|
Sarampión
|
Fiebre tifoidea
|
Enf. neumocócica |
Rubeóla
|
Poliomielitis
|
|
Parotiditis
|
Rabia
|
|
Varicela
|
Poliomielitis
|
|
Las indicaciones y demás características de estas vacunas se
describen en su correspondiente capítulo específico.
(1) Al constatarse un mayor riesgo de adquisición para el personal
sanitario
(2) Indicadas en colectivos de trabajadores sanitarios más
directamente expuestos a determinados microorganismos.
El personal de laboratorio deberá estar inmunizado, igual que el
resto de sus compañeros del Centro, pero además se le
vacunará contra aquéllas enfermedades a cuyos agentes
etiológicos puedan estar expuestos, debido a los procedimientos de
obtención, manipulación y procesamiento de muestras
biológicas de origen humano o por el contacto con animales y/o con
productos de origen animal y para los cuales existan vacunas: p. ej.
cólera, carbunco, peste, rabia, etc... Igual criterio se
establecerá para el personal de centros de investigación
biológica.
8.2.1.1. Vacunaciones especialmente indicadas
a) Hepatitis B:
La infección por el virus de la hepatitis B (VHB) es el principal
riesgo infeccioso para los trabajadores sanitarios. El riesgo de hepatitis B es
especialmente elevado en los trabajadores sanitarios más expuestos a
accidentes por inoculación (cirujanos, obstetras, hematólogos y
enfermeras que efectúan venopunciones) y está en relación
con la duración de la actividad profesional, las características
de la institución (mayor riesgo en los hospitales urbanos que en los
rurales) y el tipo de población atendida (personas de bajo nivel
económico, usuarios a drogas por vía parenteral y homosexuales
masculinos).
De un 20 a un 30% de sanitarios no se vacunan por razones diversas.
El "screening" serológico prevacunal, para descartar
infección previa por VHB no es necesario en personas que vayan a ser
vacunadas por su riesgo ocupacional. El test postvacunal (1-2 meses
después de completar la pauta vacunal) para cuantificar la respuesta de
anticuerpos contra el antígeno de superficie (antiHBs) está
indicado en trabajadores en riesgo de accidentes con agujas o instrumentos
cortantes, porque el conocimiento de esta respuesta de anticuerpos
ayudaría a determinar la adecuada profilaxis postexposición,
pero, como norma general, no se recomiendan controles post-vacunales en
población adulta sana. Si el título es mayor de 100UI/l la
protección es adecuada. Si está entre 10 y 100 UI/l, administrar
una cuarta dosis de vacuna. Si es inferior a 10UI/l, la vacunación no ha
sido eficaz y está justificado proceder a una segunda serie vacunal, que
estimula la producción de anticuerpos en el 30-40% de los casos.Si
ésta tampoco induce respuesta, se suspende la vacunación
realizando, siempre que sea necesaria, profilaxis pasiva.
Los anticuerpos inducidos por la vacuna declinan gradualmente con el tiempo,
pero distintos estudios en adultos han demostrado que, a pesar de la
caída del título de antiHBs, la inmunidad inducida por la vacuna
sigue protegiendo de enfermedad clínica y de viremia de VHB detectable,
por lo que no se considera necesario administrar dosis de recuerdo, ni
monitorizar periódicamente el título de antiHBs después de
completar una serie de 3 dosis de vacuna.
b) Gripe:
La transmisión de la gripe en el medio hospitalario es uno de los
principales motivos de absentismo laboral entre el personal sanitario.
Además los trabajadores sanitarios pueden transmitir el virus a
pacientes de alto riesgo para esta infección. Los programas de
vacunación se dirigen fundamentalmente a:
- Trabajadores que atienden a pacientes con alto riesgo de complicaciones de
la gripe, incluidos los que prestan atención domiciliaria y los
empleados de instituciones geriátricas o de cuidados crónicos. -
Trabajadores ³ 50 años
- Trabajadores con ciertas patologías crónicas: enfermedad
cardiovascular o pulmonar crónica, personas que necesitaron seguimiento
médico u hospitalización durante el año precedente por
enfermedad metabólica crónica (incluida diabetes),
disfunción renal, hemoglobinopatías o inmunosupresión (de
cualquier etiología, incluida infección VIH).
- Mujeres embarazadas que estarán en el 2º ó 3er
trimestre de gestación durante la época gripal (es prudente
esperar al 2º trimestre para vacunar) o con una enfermedad subyacente que
condiciona un riesgo alto en caso de padecimiento de gripe.
c) Sarampión, Rubéola, Parotiditis:
La probabilidad del personal sanitario de estar inmunizado frente a estas
tres enfermedades es alta para los nacidos antes de 1967 y también para
los más jóvenes nacidos después de 1976.
El riesgo de adquisición de sarampión por el personal
sanitario es 13 veces superior al de la población general. Los
sanitarios que no tengan evidencia de inmunidad (diagnóstico
médico documentado de sarampión o inmunidad demostrada en el
laboratorio) deberían vacunarse antes de su incorporación al
trabajo, independientemente de la edad y área de trabajo. Teniendo en
cuenta la elevada fiabilidad del antecedente clínico de sarampión
y del antecedente de vacunación, no se considera costo-efectivo realizar
cribado serológico prevacunal.
El objetivo de la vacunación contra la rubéola es prevenir la
infección congénita por este virus, cuyas consecuencias pueden
ser graves. Esto debe lograrse protegiendo a todas las mujeres en edad
fértil, así como a cualquier persona en contacto con ellas.
Así, la vacuna de la rubéola se recomienda en adultos, sobre
todo mujeres, a menos que existan pruebas de su inmunidad (documento sobre
vacunación de rubéola después del primer año de
vida o serología con IgG anti-rubéola positivos) o que la vacuna
esté específicamente contraindicada. A diferencia del
sarampión, en la rubéola si está indicado realizar cribado
prevacunal pues el antecedente de inmunidad basado en la historia
clínica posee una baja capacidad de predicción de la presencia de
anticuerpos Los trabajadores sanitarios (hombres y mujeres) que pudieran tener
riesgo de exposición a pacientes infectados con rubéola o
contacto con mujeres embarazadas (pacientes o compañeras de trabajo)
deberían ser inmunizados frente a rubéola.
El Centro para el Control de Enfermedades de Estados Unidos recomienda
vacunar de rubéola a todo el personal susceptible, de ambos sexos, en
escuelas de enseñanza secundaria, universidades, hospitales y centros
laborales para evitar posibles brotes de rubéola congénita.
Respecto a la parotiditis no se recomienda la realización
sistemática de cribado prevacunal.
La vacuna triple vírica es la de elección si los receptores
pueden ser susceptibles a sarampión, parotiditis y rubéola.
d) Varicela:
No es necesario el "screening" serológico prevacunal, ni
tampoco la confirmación serológica de inmunidad anti-varicela
después de la vacunación, ya que el 99% de las personas
seroconvierten después de la segunda dosis; sin embargo, la existencia
de seroconversión no implica protección total contra la
enfermedad.
La mayoría de los adultos (85-95%) con historia negativa o
desconocida de varicela probablemente sean inmunes a ella.
Entre los grupos en los que está indicada la vacuna se incluyen los
sanitarios susceptibles a la varicela que puedan tener contacto con personas
con alto riesgo de complicaciones severas por varicela:
- Neonatos prematuros de más de 28 semanas de gestación o con
un peso superior a 1000 gr. al nacimiento nacidos de madres susceptibles, -
Prematuros de menos de 28 semanas de gestación o con un peso inferior a
1000 gr. al nacimiento, independientemente del estado serológico
materno.
- Mujeres embarazadas
- Personas inmunocomprometidas. La administración de la vacuna
después de la exposición a un caso de varicela (preferiblemente
en los tres primeros días postexposición) es efectiva para
prevenir la infección o modificar la severidad de la misma.
8.2.1.2. Vacunaciones que pueden estar indicadas en ciertas
situaciones
a) Hepatitis A
Hay que vacunar a trabajadores que necesiten viajar a áreas de alta
endemicidad, militares y grupos de ayuda humanitaria, personal de instituciones
para deficientes mentales, personal de laboratorio que manipule heces,
trabajadores sanitarios, manipuladores de alimentos, personal de limpieza y
recogida de basuras y personal de guarderías. También
estaría indicada en trabajadores de laboratorios de investigación
que manejen el virus de la hepatitis A (VHA), así como en personas que
trabajan con primates infectados con el VHA.
b) Meningitis A-C
La transmisión nosocomial de Neisseria meningitidis es rara, pero en
algunos casos, el contacto directo con secreciones respiratorias de personas
infectadas ha conllevado la transmisión desde pacientes con
meningococemia o meningitis meningocócica a los sanitarios.
Se recomienda la vacunación en los siguientes casos:
- Trabajadores de laboratorios clínicos, industriales o de
investigación que estén expuestos, de forma rutinaria, a
Neisseria meningitidis en aerosoles.
- Personal sanitario en contacto cerrado con un caso de enfermedad
meningocócica (serogrupos A o C) estaría indicada la
vacunación, sin olvidar la quimioprofilaxis adecuada.
- Trabajadores con alteraciones del estado inmunitario de alto riesgo:
déficits del complemento, asplenia, déficits de properdina. -
Viajeros a zonas en las que Neisseria meninigitidis
- de los serogrupos contenidos en la vacuna - es hiperendémica o
epidémica (África subsahariana, La Meca, Nepal,...), sobre todo
si el contacto con la población local va a ser prolongado y durante los
meses de diciembre a junio.
c) Fiebre tifoidea
La Salmonella typhi, al igual que otros patógenos entéricos,
puede ser transmitida nosocomialmente a través de las manos de
trabajadores infectados. Se recomienda la vacunación en trabajadores
sanitarios que realicen sus funciones en laboratorios expuestos a Salmonella
Typhi, viajeros a áreas endémicas o con brote epidémico de
fiebre tifoidea y en aquéllos en contacto con portadores crónicos
de Salmonella typhi.
d) BCG
La vacuna no se recomienda de forma rutinaria a personal sanitario ni otros
adultos con riesgo de adquirir la infección tuberculosa, porque la
eficacia protectora de la vacuna es incierta y, además, la respuesta
inmune a la vacunación con BCG interferiría la
interpretación de una prueba de tuberculina administrada posteriormente
para detectar infección con micobacterium tuberculosis. La
vacunación con BCG debería considerarse en áreas donde es
prevalente la tuberculosis multirresistente y la transmisión de las
cepas resistentes a los trabajadores es probable.
e) Fiebre amarilla
Se recomienda para personal de laboratorio que pudiera estar expuesto al
virus de fiebre amarilla y a trabajadores que viajan a zonas endémicas
(África subsahariana, Centroamérica y Sudamérica
tropical).
f) Rabia
La inmunización preexposición debería ser considerada
para trabajadores de ciertos laboratorios (de diagnóstico,
elaboración de vacunas) y sanitarios que deban pasar más de un
mes en áreas de países con rabia enzoótica. Las personas
que por afición también vayan a estar en contacto con animales
potencialmente rábicos (mofetas, murciélagos,...), también
deberían vacunarse.
g) Polio
La vacuna de la polio no se recomienda rutinariamente en personas mayores de
18 años, ya que no es necesaria una vacunación primaria en
adultos que la han recibido completa en la infancia. Sin embargo para adultos
que no han sido previamente vacunados y con mayor riesgo de exposición a
poliovirus que la población general (por viajes, ocupación) se
recomienda la vacuna parenteral de virus inactivados (VPI) porque el riesgo de
parálisis asociada a la vacuna oral de virus atenuados (VPO) es mayor es
adultos que en niños.
La vacunación de adultos sólo está recomendada en
personas con un riesgo de infección superior al de la población
general:
- Viajeros a áreas endémicas o con un brote epidémico.
- Trabajadores de laboratorio que manipulan muestras que contienen o pueden
contener poliovirus.
- Trabajadores sanitarios en estrecho contacto con pacientes que puedan
excretar poliovirus.
8.2.1.3 Vacunas recomendadas en todos los adultos
Los sanitarios no tienen mayor riesgo de tétanos, difteria y
enfermedad neumocócica que la población general. Debido a la
pérdida de anticuerpos frente a la tos ferina, estaría
recomendada para los recuerdos cada 10 años, la utilización de
vacuna celular frente a B. percutáis para adultos en combinación
con los toxoide dicterio y titánico (dTpa).
8.2.2. VACUNACIÓN DE LOS ENFERMOS
Cualquier tipo de atención prestada en el hospital debería ser
aprovechada para mejorar la cobertura vacunal, revisar el grado de cumplimiento
vacunal, administrar las dosis requeridas y facilitar la educación
sanitaria oportuna.
Se podrían realizar actuaciones en:
- Pacientes atendidos por problemas médicos (servicios de urgencias,
consultas externas) o ingresados por procesos comunes: asesoramiento sobre la
actualización de su estado vacunal.
- Inmunización de contactos no vacunados con pacientes afectados de
enfermedades transmisibles prevenibles mediante vacunación y pacientes
expuestos a procedimientos diagnósticos y/o terapéuticos
favorecedores de su transmisión.
- Atención por heridas (tétanos, rabia, hepatitis).
- Intervenciones quirúrgicas programadas o urgentes (tétanos,
vacunación antineumocócica en esplenectomía).
- Asistencia durante el embarazo y el parto (revisión general del
calendario vacunal, prevención de infecciones neonatales).
- Ingresados afectados de enfermedades crónicas (diabetes,
cardiopatías, etc).
- Enfermedades transmisibles, incidentes de riesgo infeccioso en las
unidades de hospitalización, además de las medidas de riesgo
habituales sobre aislamiento y desinfección, pueden requerirse medidas
de inmunización pasiva o activa (sarampión, rubéola,
varicela, etc).
8.3. VACUNACIONES EN EL MEDIO LABORAL
El entorno laboral como ámbito en el que se desarrolla gran parte de
la actividad diaria es el idóneo para llevar a cabo planes y proyectos
de detección y prevención de enfermedades, aunque no
necesariamente tengan una relación directa con la actividad profesional.
Pero es en las enfermedades asociadas a determinadas actividades
profesionales donde podemos llevar a cabo una labor preventiva más
importante, ya que dichas actividades son en sí prácticas de
riesgo y, por tanto, hacen que los colectivos que las desarrollan se
constituyan en verdaderos "grupos de riesgo".
Los servicios de salud laboral de las empresas han de tener en cuenta que el
trabajador está integrado en la comunidad y por lo tanto se halla
expuesto a todos sus riesgos, lo que hace necesaria la prevención de
enfermedades comunes del adulto, y otras que son susceptibles de prevenirse por
medio de la vacunación. La vacunación de los trabajadores en la
propia empresa tiene una justificación económica y
sociosanitaria.
No siempre se dispone de un Servicio de Salud Laboral o de un Médico
de Empresa. La mayoría son "pequeñas y medianas
empresas" que en el tema de salud laboral dependen de las mutuas. Por esta
razón, no hay que pensar exclusivamente en el especialista en salud
laboral de la empresa, sino en que la promoción y prevención en
el medio laboral debe recaer tanto en éste como en las mutuas y,
además, estar coordinada con la asistencia sanitaria a nivel de
atención primaria y especializada.
En el medio laboral, se vacuna específicamente por motivos laborales:
- Por encontrarse con mayor riesgo de contraer la enfermedad. Existen
riesgos vinculados a cada tipo de actividad laboral, debiéndose analizar
específicamente los mismos y programar la vacunación
correspondiente.
- Por razones de trabajo, que precisen viajar a zonas geográficas
endémicas en algunas enfermedades. Cuando, por motivos de la propia
empresa, se ha de viajar a otros países, es necesaria la
coordinación con las instituciones sanitarias encargadas de la
vacunación internacional. (ver anexo 1)
- Porque, derivado de la concentración de personas en locales de
trabajo, sean más fácilmente propagables determinadas
enfermedades.
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